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EDIFICIOS HISTÓRICOS




La primitiva aldea del Picazo se fue organizando a lo largo de la vía romana que partiendo de Valeria pasaba por Alarcón y, a lo largo del río Júcar, conectaba en La Roda con la vía que, saliendo de Complutum (Alcalá de Henares), llegaba hasta Cartago Nova (Cartagena).

 

Al borde de este camino se edificó en el siglo XVI la Iglesia y, aprovechando el eje de las cuatro esquinas, algunas de las casas más importantes, hasta la Plaza Mayor, en donde se encontraba el mesón. El trazado haciendo eses de la actual calle de Alarcón evidencia que, en su origen, era un camino.

 

Algo separado de este núcleo se encontraba el barrio del Abrevador (la parte estrecha de la actual calle de Cantarranas) que, por su trazado de claro origen árabe, debió ser o bien el núcleo primitivo del pueblo, o bien el barrio en que se agruparon  los campesinos árabes que quedaron después de la reconquista.  

 

Un segundo núcleo se desarrolló, a lo largo del camino que desde Tébar bajaba hasta el molino harinero (la actual calle del Molino), siendo la Rambla y dando origen al barrio del mismo nombre. El trazado de la calle del Molino, deja patente su origen, como camino.

 

En el siglo XVII se construye a lo largo del camino que, desde la plaza, partía hacia la Losa (actual calle de San Mateo) y se trazan las calles  Morales y Horno. También se construye  la calle Lázaros.

 

A lo largo del siglo XVIII se urbaniza el espacio vacío existente entre la calle de Alarcón y el Abrevador, trazándose la calle de Enmedio y las travesías que, hasta esa época, era un espacio que estaba dedicado a la agricultura, con algunas casas desperdigadas,  uniendo así las construcciones de la calle Alarcón con el barrio del Abrevador.  

 

Ya en el siglo XIX se construye en las actuales calles del Calvario y callejón de Parrilla.

 

Con este diseño urbanístico se mantiene el pueblo hasta la segunda mitad del siglo XX en que se produce un crecimiento que prácticamente duplica la superficie urbanizada.

 

El edificio más antiguo que se conserva en el pueblo es la Iglesia, construida a principios del siglo XVI y ampliada en los siglos XVII y XVIII.

 

 

Molino harinero del Concejo de Alarcón

 

Desconocemos la fecha de construcción del molino original, que  posiblemente fuera de origen árabe y ya existía antes de la conquista de Alarcón a finales del siglo XII.

 

Al producirse la conquista, Alfonso VIII donó los molinos existentes entre la Noguera y la Losa al Concejo de Alarcón que  fue el que construyó o reconstruyó el molino, en varias ocasiones.

 

El actual edificio se debió construir a finales del siglo XVI o principios del XVII.

 

El Concejo de Alarcón arrendaba el molino mediante subasta entre los vecinos. En realidad, lo que ocurría es que los nobles se repartían molinos, dehesas y demás bienes del Concejo entre ellos y se los transmitían entre los miembros de la familia como si fueran propios. Así vemos que en el Catastro de Ensenada, en las preguntas generales, el molino aparece como “de los propios del Concejo de Alarcón” y, sin embargo, en el libro de seculares, donde se describen las fincas, se afirma que es propiedad de Don Mateo Villanueva.

 

El primer arrendatario que conocemos es Don Sebastián de Montoya, en el siglo XVII, y ya antes lo había tenido su padre.

 

Posteriormente, en el siglo XVIII lo poseyeron Don Juan Francisco Villanueva y su hijo Don Mateo Villanueva.

 

A mediados del siglo XIX, como consecuencia de la desamortización, fue subastado y lo adquirió y explotó Don Juan Francisco Fontán, vecino de Madrid.

 

Ya en el siglo XX dejó de funcionar como molino y se le adosó una central hidroeléctrica, alrededor de 1920, pasando el edificio del molino a utilizarse como casa del encargado de la central.

 

Esta es la razón por la que este molino se conservó en buen estado y se salvó de la ruina.

 

Actualmente es propiedad de Iberdrola y se encuentra cerrado. Sería urgente realizar las actuaciones necesarias para conseguir la adquisición y restauración, ya que es el único molino que queda en pie a lo largo de la ribera del Júcar.

 

 

Molino harinero del Concejo de Villanueva de la Jara

 

También se conservan restos de otro molino que existía hasta finales del siglo XIX en el otro lado del río y que por el prolongado abandono del edificio, una vez que dejó de funcionar la central hidroeléctrica,  ha quedado reducido a las paredes en los que se conservan los arcos de piedra por los que pasaba el agua.  

 

Este molino harinero fue construido por el Concejo de Villanueva de la Jara en el siglo XVII para el servicio de los vecinos del pueblo.

 

Desde sus comienzos estuvo arrendado a vecinos del Picazo que mantuvieron en funcionamiento el molino hasta que a finales del siglo XIX como consecuencia de la desamortización fue vendido a Antonio Luque Vivens, abogado, secretario de la Diputación.  

 

A principios del siglo XX se le adosó una central hidroeléctrica y el molino quedó abandonado y actualmente sólo se conservan las paredes y las canalizaciones subterráneas.

 

 

Casa de Don Juan Hidalgo Carrillo

 

Es la casa situada en las cuatro esquinas, pegada al Ayuntamiento. Fue construida en el año 1584, según me consta en una leyenda que había en la fachada, que fue  destruida en 1979 y que decía . “Juan Hidalgo Carrillo me fezit anno de 1584”.

 

Don Juan Hidalgo Carrillo fue uno de los primeros pobladores del pueblo y propietario de numerosas fincas, tanto de secano como de regadío.

 

La casa ha estado habitada ininterrumpidamente por la familia Carrillo y sus sucesores hasta fecha reciente.

A principios del siglo XX en la parte de la fachada principal, sobre la calle de Alarcón, se instaló un local comercial en el que existió durante mucho tiempo un comercio de tejidos.

 

En 1979 se vendió este local y fue destruida la fachada, para construir una panadería (actual Panadería Carolivan).              

 

En la actualidad sólo se conserva el escudo y algunas dependencias de la vivienda antigua, y la fachada de las cuatro esquinas.  

 

 

Casa de la Familia Carrillo

 

Esta casa figura ya a principios del siglo XVII. Está  situada en la calle de Alarcón, y hace  esquina con la calle Mayor.

 

Hacia 1650 fue comprada por Don Domingo Pérez Carrillo a  Lorente López de Tévar.

 

A la muerte del comprador, la casa fue valorada en la herencia en 24.120  reales y se partió entre sus cuatro hijos.

 

A mediados del siglo XVIII, y, por los sucesivos matrimonios entre miembros de las familias Carrillo y Ruiz, terminó esta casa unida con la que los Ruiz de Monsalve  poseían en la plaza.

Entre 1947 y 1955 alojó el cuartel de la Guardia Civil que existió en el Picazo durante la construcción de la central hidroeléctrica.

 

Hasta la última remodelación, conservaba en su interior una buena parte de la casa original. Actualmente queda la fachada principal con restos de un escudo nobiliario que fue destruido intencionadamente, desconociendo la época y los motivos.

 

El último miembro de la familia Carrillo que la habitó, a mediados del siglo XIX, fue Don Pascual Pérez Carrillo.

 

 

Casa-Palacio de los Ruiz de Monsalve

 

La familia Ruiz, provenía de Alarcón y durante un tiempo habitaron en la aldea llamada Casa de Ruiz, a la parte norte de la finca de la Varga. Todavía habitaban allí algunos miembros de la familia en 1716, según se desprende de varias escrituras públicas otorgadas por Doña Catalina Ruiz Palacios y Don Bartolomé Ruiz Palacios.

 

La familia Ruiz emparentó con los Monsalve que provenían de la aldea de Mahora en el estado de Jorquera, en la actual provincia de Albacete.

 

La casa actual, que está situada en la plaza cerrando con el edificio del mesón la esquina noroeste, debió ser construida en el siglo XVII y los primeros moradores de que tengo noticia cierta fueron Don Andrés Ruiz Monsalve, casado con Doña María Pérez Carrillo, una de las herederas de la familia Carrillo.

 

Entre los habitantes más notables de esta casa podemos citar a Don Domingo Ruiz Monsalve que fue alcalde en los años 1762, 1765 y 1777.  

También habitó la casa, en la primera mitad del siglo XIX,  Don Tomás Ríus, Teniente Coronel del Ejército, natural de Barcelona. Este se había casado con Doña  Alejandra Moreno Carrillo, hija de un militar del Picazo, que estaba destinado en Barcelona.  Depurado por sus ideas liberales, Don Tomás Ríus se trasladó con su familia a vivir al Picazo y una hija suya, Doña Juliana Ríus Moreno casó con Don Martín Ruiz Conde, nieto de Don Domingo Ruiz Monsalve y propietario de la casa.

 

Descendiente suya fue Asunción Ruiz Ríus, que  casó con Julián Fernández Brunel y así llegó la propiedad de la casa a la familia Fernández, que la ha habitado a lo largo de un siglo.

 

Es una de las casas antiguas mejor conservadas del pueblo y se encuentra en proceso de restauración.

 

 

Casa-Palacio de Don Diego Villanueva

 

Se encuentra situada  en la calle de San Mateo, ocupaba casi la totalidad de la manzana entre la calle del Horno y San Mateo, excepto la esquina entre la plaza y la calle de San Mateo.

 

El primitivo edificio, que se había construido  a comienzos del siglo XVII,  perteneció  a  Don Diego  de  Lorca Figueroa, alcaide  del  castillo  de  Alarcón  y en  ellaotorgó poder para testar a favor de su hija Magdalena de Lorca el 16 de setiembre de 1660.

 

Pasó por herencia a su nieta Doña Magdalena de Lorca Zapata, casada con Don Fernando de Montoya.  

Los nietos de doña Magdalena, que habían trasladado su domicilio a la provincia de Albacete, vendieron la casa el 16 de diciembre de 1682 a Don Juan Francisco Villanueva y Montoya, que tenía su casa en la misma manzana, con fachada a la calle del Horno.

 

Con esta compra y otros solares que poseía en la misma manzana reformó y amplió la casa a finales del siglo XVII.

 

En esta casa estableció su domicilio su hijo D. Diego Antonio Villanueva quien, a la muerte de su padre, la unió a la casa de la calle del Horno, ocupando la mayor parte de la manzana. Ya en el siglo XIX, como consecuencia de la desamortización, se le agregó también el local que había sido el horno del Concejo, que estaba situado en la esquina con la calle de Morales.

 

A la muerte de Don Diego, en 1778, heredó la casa su hijo Don Juan de Villanueva que la habitó hasta su muerte hacia 1835.

 

Don Juan murió  soltero y  la casa pasó a su hermana Doña Juana de Montoya, casada con  D. Tomás de Haro Valenzuela, natural de Horcajo, caballero de la Orden de Santiago.

 

La familia López de Haro habitó la casa hasta 1900, en que, como consecuencia de disputas hereditarias a la muerte de Doña Lázara de Descatllar, viuda de Don José Patricio López de Haro, se dividió entre los herederos y posteriormente se vendió la parte que contenía la fachada principal, construyéndose un molino harinero.

 

 

Casa-Palacio de Don Mateo Villanueva

 

Actualmente está ocupada por el  Centro Social.

 

Aparece ya documentada su existencia a principios del siglo XVII. Pertenecía igualmente a la familia de Don Diego de Lorca Figueroa. Fue heredada por su hija Doña Juana de Lorca Zapata, casada con D. Sebastián de Montoya.

 

A finales del siglo XVII la casa pertenecía a Don Fernando Villanueva que la incluyó en un Vínculo que fundó con sus bienes.

 

Cuando se realiza el catastro de Ensenada en 1752, el vínculo pertenece a su sobrino Don Mateo Jerónimo Villanueva y la casa está descrita así:

 

“Una casa en la poblacion deste lugar a la calle del rio, de havitación baxa en la que al presente vive, la que tiene de frente quarenta y ocho varas y de fondo veinte, con su corral, orno y dos pozos. Cavalleriza y bodega accesorios.”

 

Además, anexo a la casa tiene un molino de aceite, el molino harinero del río y una huerta.

 

Don Mateo Jerónimo Villanueva reformó la casa en el siglo XVIII y le agregó el escudo de armas que figura en la fachada. También construyó un anexo para oratorio particular dedicado a San Mateo, que corresponde al agregado que se halla al sur del edificio.

 

A la muerte de D. Mateo, continuó habitando la casa su hijo Don Antonio Villanueva Aulestia, capitán de milicias, hasta su muerte, después de 1829.

 

Posteriormente ocupa la casa su hijo Don Francisco de Paula Villanueva y Mena, caballero de la Orden de Alcántara y subteniente de milicias de Cuenca.  

 

Al fallecer sin sucesión, hereda el mayorazgo, y con él la casa,  su sobrina Doña María Teresa Villanueva Perea, casada con Don Joaquín Baíllo, vecinos de Belmonte.             

 

A finales del siglo XIX la hacienda, y con ella la casa fue dividida entre sus dos hijas Doña Mercedes Baíllo de Beldad y Moreno, casada con Don Ramón Melgarejo y Melgarejo, primer Marqués de Melgarejo  y Doña Concepción Baillo de Beldad y Moreno, casada con Don Fernando Moreno López de Haro.

 

Esta es la causa de que actualmente la casa se halle dividida en dos partes.

 

El Ayuntamiento compró la parte que correspondió a los Marqueses de Melgarejo y, gracias a ello,  se ha restaurado,  salvándose así el edificio más importante del Picazo.

 

 

Casa de Don Jerónimo Alfaro

 

 

Provenía Don Jerónimo Alfaro de una familia hidalga de La Roda y Tarazona.

 

Fue Alcalde del Picazo en 1778 y regidor en varias oportunidades.

 

De él descienden los Alfaro del Picazo.

 

Construyó esta casa en la calle de Cantarranas en 1751, según consta en la inscripción que figura en la fachada.

 

 

 

 

Casa de Don Melchor de Peñaranda

 

Está situada en la calle de Alarcón y fue construida en el siglo XVIII. 

 

Según el catastro de Ensenada tenía 18 varas de frente y 9 de fondo e incluía corral, pozo y horno.

 

Tiene unas buenas rejas.

 

Don Melchor de Peñaranda, que la habitaba en el siglo XVIII, estaba casado con Doña Isabel Alfaro, hermana de Don Jerónimo Alfaro y fue alcalde los años 1748, 1751, 1754, 1759, 1766 ,1769 y 1776.

 

 

 

Casa de Francisco Jiménez

 

Está situada al comienzo de la calle de San Mateo.

 

Fue construida a finales del siglo XVIII, exactamente en el año 1791, según consta en la leyenda de la fachada. “FRANCISCO XIMENEZ. SE IZO AÑO DE 1791”

 

Debió ser construida por el mismo albañil que la de Don Jerónimo Alfaro, por el parecido de las fachadas.

Francisco Jiménez fue uno de los más importantes vinateros del Picazo en el siglo XVIII y transportaba su vino a Madrid, para lo que poseía una recua de burros.

 

Debían tener fama los vinos del Picazo porque, según refiere Torres Mena en sus Noticias Conquenses, Madrid se abastecía en una buena parte  de los vinos del Picazo y Sisante.

 

Actualmente la casa se encuentra en estado de total ruina y solamente se mantiene en pie la fachada.

 

Otros edificios que existían en el Picazo han desaparecido completamente o quedan escasos restos.  Entre los edificios desaparecidos destacaban:

 

 

Casa de Don Esteban Portillo

 

Fue construida en el siglo XVII  como morada de Don Esteban Portillo Cardos y su mujer Doña María Pacheco de Mendoza, descendiente del Marqués de Villena. 

Era la  antigua casa parroquial.

 

En esta casa nació y vivió Don Francisco Portillo Pacheco,   y todos sus hijos.

 

Posteriormente Don Francisco trasladó su domicilio a Motilla del Palancar, en donde está considerado como uno de sus más destacados personajes.

 

La familia Portillo habitó la casa hasta finales del siglo XVIII y posteriormente pasó a ser casa parroquial.

 

En su época, la casa ocupaba prácticamente la totalidad de la manzana, salvo una pequeña porción sobre la calle del Molino.

 

Se conservó como casa parroquial hasta que en los años setenta se cometió la tropelía de destruirla.

 

Actualmente sólo queda de recuerdo los escudos que existían en la fachada.

 

 

Casa de Don Alonso Cardos

 

Otra casa que ha desaparecido casi por completo es la de la familia Cardos que,  estaba situada en la calle de Cardos (hoy San José Obrero) y ocupaba casi toda la fachada norte, desde las cuatro esquinas hasta la panadería actual.

 

La casa fue construida en el siglo XVII y disponía de horno, bodega y molino de aceite.

 

En la actualidad no queda casi nada de ella, salvo algunas paredes en la parte de las cuatro esquinas.              

Cuando se realizó el catastro de Ensenada, en 1752 se encontraba partida entre dos hermanos, teniendo en total 60 varas de fachada y cuarenta de fondo.  

 

No he podido encontrar fotografías de la citada casa, pero la recuerdo por  un magnífico patio, rodeado de una galería que existía a la entrada de la casa.  

De la misma época era la casa de labor llamada Casa de Cardos, construida en la Rambla, a mitad de camino entre Tébar y el Picazo.

 

Fue construida por la misma familia en el siglo XVII y se utilizaba fundamentalmente para las tareas agrícolas. Estuvo habitada hasta mediados del siglo XX.

 

Actualmente quedan en pie algunas ruinas.

 

 

Casa de Don Sebastián Granero

 

La primitiva casa ya existía a fines del siglo XVI y pertenecía a Lucas Granero.

 

En aquella época debía ser una de las casas mayores del pueblo. En esta casa tuvo lugar el cabildo abierto de 1599 en el que el pueblo, reunido a toque de campana, acordó renunciar a su derecho a nombrar las autoridades, dejándolo en manos del Marqués de Villena para así librarse  de los manejos del Concejo de Alarcón que interfería permanentemente en los nombramientos.

 

La casa actual fue remodelada y ampliada en el siglo XVII por Don Sebastián Granero, alcalde y regidor por los nobles de Alarcón durante muchos años. Fue uno de los primeros nobles de Alarcón que se establecieron de forma permanente en el Picazo, desde donde manejaban los asuntos del Concejo.

 

A finales del siglo XVIII paso a manos de la familia Pastor y  Santiago Pastor Brunell la convirtió en posada, hacia 1890, uso al que ha estado destinada hasta los años 60 del siglo XX. 

 

Tenía la fachada principal a la calle de la Iglesia y se conserva el arco de la entrada, que ha sido tapado en la última remodelación.

 

 

Mesón de Villanueva

 

Era uno de los edificios más antiguos y emblemáticos del Picazo.

 

Debía existir, al menos desde el siglo XIII.

 

Sirvió de parada obligada en el largo camino que de Alarcón llevaba a los confines del Marquesado, en la actual provincia de Murcia.

 

En un principio debió ser propiedad del Concejo de Alarcón y posteriormente pasó a la familia Villanueva que lo poseyó hasta bien entrado el siglo XIX.

En el catastro de Ensenada se lo describe así: “Pertenece al predicho Don Mateo [Villanueva] la casa mesón de este lugar la que tiene de frente veinte y siete varas y de fondo treinta. Linda por levante con la plaza de este lugar y por los demas aires con casas de los herederos de Andres Ruiz, vecinos deste lugar, el qual tiene arrendado Miguel Zerrillo...” .        

 

El mesón estuvo arrendado por la misma familia Cerrillo hasta mediados del siglo XIX, en que se vendió. 

 

El mesón tenía amplios corrales y caballeriza para albergar a los viajeros. 

 

Terminó la actividad de posada hacia 1960 y actualmente se conserva poco de la construcción antigua, ya que fue destruida la mitad de la fachada para construir una nueva casa.      

 

 

El Parador 

 

Se llamaba así a una antigua posada que existió en la calle del Calvario desde comienzos del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

 

En 1855 era propietario de la posada Ricardo Fernández y estaba de mesonero Ramón Garde, natural de Sisante.

 

Posteriormente desde finales del siglo XIX lo regentó Matías Vallés Casanova.

 

Todavía se recuerda que estaba en uso en 1948 cuando se comenzó a construir el túnel para la central hidroeléctrica. Se conserva la fachada original y algunas dependencias interiores.

 

 

 

Documentación: Benedicto Collado

+ info: www.elpicazo.net


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