
(Documentación: Benedicto Collado - web: elpicazo.net)
SIGNIFICADO DEL
NOMBRE DE EL PICAZO
(Según datos recopilados
del año 1878 por el historiador José Torres Mena)
PICAZO (EL). Villa del
partido judicial de Motilla del Palancar, con los caseríos de huertas
de las Vegas de abajo y de arriba, cuyos edificios no forman grupo; hallándose
además diseminadas por el término casas en las huertas, una casa-batán
y un chozo de labradores. Próximo a la población, a 4 km. está
la ermita de San Benito construida en el siglo XVI, y reconstruida nuevamente
por los habitantes de la aldea de San Benito en el 1964. Próximos a la
población hay también doce cuevas para guardar vino, distribuidas
en dos grupos. Los habitantes de entonces eran 1474 en totalidad.
Sobre la etimología
del nombre PICAZO, dice Muñoz Soliva en la página 163 del tomo
primero de su historia: Sale de la palabra egipcio-fenicia PIKAH, lluvia. Los
griegos, viendo que las lluvias eran benéficas, le añadieron ZOE,
vida; o ZOOM, animal, al observar que éstos abundaban en el término;
de ahí, el nombre PICAZO, que significa lluvia vital, o pueblo abundante
en lluvias y animales.
EL NOMBRE
Desde los primeros documentos
medievales se lo nombra como Picaço o el Picaço y ya, a partir
del s. XVIII, cuando se moderniza la ortografía, comienza a llamarse
Picazo y el Picazo.
En 1839 en el Boletín
Oficial de la Provincia de Cuenca aparece con el nombre de Picazo de Alarcón.
A partir de dicho año salvo el año 1844 que se le llama El Picazo,
sólo se utiliza el nombre de Picazo.
Los sellos oficiales del
Ayuntamiento y Juzgado de Paz lo llaman Picazo hasta principios del siglo XX.
A partir de 1910 se le agregó el artículo El en los documentos
oficiales.

¿De dónde surge el nombre de El Picazo del Júcar?
Nunca ha sido utilizado
en documentos oficiales ni por el Ayuntamiento ni por el Juzgado del Picazo,
ni tampoco por la administración oficial de la provincia de Cuenca.
Posiblemente se deba a
una costumbre para distinguirlo de otros pueblos con el mismo nombre, principalmente
el de la provincia de Guadalajara, o quizás por asociación con
el resto de los pueblos de la margen del Júcar que utilizan ese agregado:
Olivares del Júcar, Valverde del Júcar, Villalgordo del Júcar,
Alcalá del Júcar ...
La primera vez que aparece
ese nombre en un documento oficial es en una comunicación recibida del
Ayuntamiento de Campo de Criptana sobre quintas en el año 1917.
En los años siguientes
aparece en varias comunicaciones de los Ayuntamientos de Pozo Seco (1918), Casasimarro
(1919), Madrid (1920 y 1922), Almodóvar del Pinar (1923), Valencia (1924)
y Manzanares (1924). Siempre en comunicaciones dirigidas al Ayuntamiento del
Picazo, pero jamás en ningún documento que sale del Ayuntamiento.
Tampoco ha sido utilizada esa denominación por el Juzgado de Paz del
Picazo, ni en sus libros ni en sus comunicaciones.
Nuestro pueblo siempre
ha tenido un nombre: Picazo. El agregado del artículo “El”
se debe a una costumbre antigua de poner artículo a los nombres de pueblos
y naciones. De hecho seguimos diciendo frecuentemente el Campillo, la Motilla,
el Quintanar, las Casas de Benítez, etc. , sin que el artículo
sea parte integrante del nombre.
Origen y significado
del nombre
Trifón Muñoz
Soliva en 1866, en su “Historia de Cuenca” (Tomo I pág. 63)
da esta curiosa etimología del nombre PICAZO: “Sale de la palabra
egipcio-fenicia PICA, lluvia. Los griegos le añadieron ZOE, vida o ZOOM
animal.”
Y así significa
el nombre PICAZO, lluvia vital o pueblo abundante en lluvias y animales.”
Esta etimología
carece de cualquier tipo de fundamento y no es probable que la primitiva población
de esta región haya tenido mucha relación con egipcios ni fenicios.
El nombre de Picazo deriva
claramente de la raíz “PIC-“ proveniente del ibérico
“PIKE” que significa “cuesta o pendiente”.
El sufijo “–AZO”
(igual que –ACHO Y –AYO) deriva del latín “-ACEUS,-ACEA”
en sentido aumentativo o peyorativo.
Ambos designan la “cumbre
aguda de una montaña”, es decir, la cima de un cerro o montaña.
Con este sentido aparecen
diversos lugares a lo largo de toda la geografía española. Así
aparece el pico Picacho en Talayuelas (Cuenca) el monte El Picazo y el caserío
de El Picazo en Huerta de la Obispalía (Cuenca); Picacho, aldea y faro
en Huelva; pico Picacho en Sevilla; pico Picato en Lugo; monte Picayo en Valencia,
cerca de Sagunto; pico Picazo en Soria; Picazo, pueblo en Guadalajara. Todos
son lugares altos o situados en alturas.
Casi con toda seguridad
el nombre de nuestro pueblo Picazo provenga, al igual que los demás reseñados,
de esta palabra ibérica con el sentido de lugar alto, cima.
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¿Cómo
se explica este significado si nuestro pueblo está situado justamente
en un valle a orilla del río Júcar?
Esto sólo se explicaría
porque nuestro pueblo haya tenido su origen en otro sitio y haya sido trasladado
a su actual emplazamiento. Esto avala el que con toda probabilidad pudiera tener
su origen en el cerro o pico de Santa Quiteria.
En la antigüedad
era fundamental situar las poblaciones en lugares altos y fáciles de
defender. Y esta es la situación del cerro de Santa Quiteria, aislado
en medio de una vega fértil y con amplitud suficiente para albergar una
población que, en su época, no sería muy numerosa.
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La primitiva población
instalada en el cerro se dedicaría a la caza y algún tipo rudimentario
de agricultura y ganadería. A medida que fue adquiriendo importancia
la actividad agrícola se fue asentando la población en la llanura,
siguiendo el curso de la Rambla, hasta establecerse definitivamente en la vega
del río Júcar, junto al río. Esto debió ocurrir
ya bien avanzada la colonización romana. |
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ORIGEN DE EL PICAZO
Es difícil, por
no decir imposible, situar con cierta exactitud el origen del pueblo y quiénes
fueron sus primeros pobladores.
Al tratarse de una población
que, hasta bien entrado el s. XVII no ha tenido cierta importancia e independencia
los datos que aparecen resultan muy dispersos y fragmentarios. Y casi todos
ellos unidos a Alarcón del que fue aldea y lugar hasta bien entrado el
siglo XIX.
Por su especial situación,
en un fértil valle del río Júcar en plena región
de La Mancha, debió tener algún tipo de población desde
la más remota antigüedad.
Los primeros restos de
población que se conocen en la zona son los de un poblado celtibérico
hallados en el cerro de Santa Quiteria ( actualmente en término de Tébar).
Los pueblos asentados
en esta región fueron romanizados a lo largo del s. II a.C. y probablemente,
la primitiva población asentada en el poblado del cerro , al avanzar
la colonización romana y desaparecer la necesidad de protegerse de ataques
enemigos, fue abandonando el emplazamiento primitivo en la altura del cerro
y fue bajando siguiendo la rivera de la Rambla de Tébar ( que en la antigüedad
sería un arroyo con agua la mayor parte del año) hasta afincarse
definitivamente en la orilla del río Júcar, a lo largo de la calzada
romana, dejando abandonado el poblado de Santa Quiteria.
Es un hecho que, desde
los primeros documentos que aparecen, se describen diversas casas de campo habitadas
entre Santa Quiteria y el emplazamiento del pueblo actual. (La Veguilla, Calvillos,
Casa de Cardos...).
El primitivo poblado de
Santa Quiteria debió quedar abandonado a comienzos de la época
romana permaneciendo alguna población mínima desperdigada por
la rivera del río Júcar.
De dicha época está
documentada la existencia de una vía romana secundaria que, partiendo
del puente romano de El Picazo en Alarcón, llegaba hasta Chinchilla (donde
se unía con la vía que partiendo de Complutum (Alcalá de
Henares) llegaba hasta Cartago Nova (Cartagena)), siguiendo los actuales caminos
de Alarcón y de La Losa.
La población se
fue afincando por esas fechas a lo largo del camino y dando origen al actual
pueblo.
Con la llegada de los
árabes comienza el desarrollo del núcleo de población y
su asentamiento definitivo en la rivera del río Júcar.
Si bien no quedan restos
de aquella época, sí que ha perdurado su recuerdo en la cultura
y forma de vida de El Picazo.
De esta época proviene
la leyenda del peñasco de la Encantada, promontorio existente al norte
del término municipal y que, según dicha leyenda, está
habitado por una mora encantada que cada año, el día de san Juan,
baja a la orilla del río a peinar sus cabellos.
De esa cultura proviene
diversas prácticas tradicionales en el pueblo, v.g. la forma de matar
los pollos, desangrándolos antes de comerlos, según la costumbre
islámica, y diversas técnicas de cultivo y construcción,
en especial las presas y molinos en el río.
Una de sus aportaciones
principales fue el sistema de riego. Estos introdujeron la azuda, una rueda
grande, que se colocaba en el río y que, aprovechando la fuerza de al
corriente, elevaba el agua por medio de cangilones y arcaduces y permitía
su distribución a través de las balsas y canalizaciones a toda
la huerta. Junto con la azuda introdujeron la noria, elemento esencial en la
vida de El Picazo durante siglos.
Este sistema de riego
ha perdurado exactamente igual hasta el último tercio del siglo XX en
donde la instalación de motores y el riego por aspersión ha producido
el abandono del sistema tradicional.
EL PICAZO, ALDEA DE ALARCÓN
La historia de El Picazo
va unida a Alarcón como aldea suya hasta el S. XVII y como lugar dependiente
de Alarcón hasta bien entrado el siglo XIX, cuando adquiere la categoría
de villa.
Alarcón fue conquistada
definitivamente por D. Hernán Martínez de Cevallos en nombre de
Alfonso VIII en 1184.
La villa de Alarcón,
una vez que pasó definitivamente a manos cristianas, fue reconstruida
y poblada por gran afluencia de nobles.
El rey Alfonso VIII, dada
la importancia de Alarcón como punto estratégico de defensa de
la frontera sur contra los moros, aumentó sus defensas, la repobló
y le otorgó un fuero propio.
El Picazo, dada la cercanía
debió de ser una de las primeras aldeas de Alarcón, bien por donación
real o por haber sido poblada por vecinos de Alarcón dentro de su término.
En el reparto de moneda
de 1420 aparece Picazo como aldea de Alarcón. (Alarcón y sus aldeas
Vadenebro, Villanueva, Picaço, Olmedilla, Valfermoso, Pozo Seco, Tébar,
Gascas y Villalba).
De nuevo aparece la aldea
de Picazo en el reparto de moneda acordado en las Cortes el 15 de octubre de
1433 para la guerra contra los moros.
En el siglo XV, el señorío
de Alarcón, y con él El Picazo, pasó a poder de Don Juan
Pacheco, marqués de Villena.
Don Juan Pacheco, primer
marqués de Villena, era dueño de casi toda la Mancha, parte de
Andalucía y Murcia. Sus posesiones se extendían desde Cuenca hasta
Almería.
A la muerte de Enrique
IV, el marqués de Villena tomó partido por Dª. Juana la Beltraneja
comenzando las guerras entre el Marquesado y los Reyes Católicos.
La guerra empezó
en 1475 con la sublevación de Alcaraz.
Los reyes invitaron a
todas las villas y lugares del marquesado a separarse de la obediencia del marqués
y a tomar las armas a favor de la Corona. Las principales villas del marquesado,
cansadas del continuo cambio de dueño, se fueron sublevando contra el
marqués y tomando partido por los Reyes Católicos.
Los reyes exigían
la entrega de las fortalezas, que solían ser derribadas a continuación
para evitar nuevas sublevaciones. Razón por la que han desaparecido la
mayoría de los castillos de La Mancha.
Cansadas de la guerra
ambas partes, se llegó a un acuerdo que puso fin a las luchas, por el
que el marqués conservaba las villas que le seguían siendo fieles
y perdía el resto a favor de los Reyes Católicos.
Duró poco tiempo
el acuerdo y enseguida se desató una segunda guerra. Los reyes enviaron
a Jorge Manrique y Pedro Ruiz de Alarcón a luchar contra las villas de
Belmonte, Alarcón y Castillo de Garcimuñoz. Se produjeron innumerables
escaramuzas por todo el territorio, saqueando y destruyendo numerosos lugares
(Cañavate, Villanueva de la Jara, Villarrobledo, El Peral, etc).
Los vecinos de Alarcón
resistieron a las tropas reales y no hubo forma de apoderarse de la fortaleza.
Jorge Manrique murió en el asalto al Castillo de Garcimuñoz.
Los Reyes Católicos,
para acabar con la sangría de dinero y soldados, el 1 de marzo de 1480
reconocieron definitivamente al Marqués de Villena la posesión
de Alarcón, su castillo, término y aldeas así como la de
otras villas fieles: Castillo de Garcimuñoz, Belmonte, Escalona, etc.
El señorío
de Alarcón quedó reducido a: Alarcón, Olmedilla de Alarcón,
Gascas, Honrubia, Torrubia del Castillo, La Almarcha, Hinojosa, Zafra, Castillo
de Garcimuñoz, Pinarejo, Atalaya, Tébar, El Picazo, Rubielos Altos,
Valhermoso y Valverdejo.
Acabadas las guerras,
Alarcón y sus aldeas vivieron su mayor periodo de esplendor monumental,
con la construcción y embellecimiento de iglesias y casas durante el
gobierno del Marqués de Villena Don Diego López Pacheco, que falleció
el 6 de noviembre de 1529.
Enseguida entra Alarcón
en un periodo de decadencia, consecuencia de varias causas: el final de las
guerras interiores y el valor relativo de las fortalezas y castillos; el cambio
de la nobleza que va dejando sus castillos y se hace cortesana; los hidalgos
que emigran al Nuevo Mundo o se establecen en las aldeas para atender sus propiedades
y alejarse de la presión del señor. Es el periodo de crecimiento
y desarrollo de las aldeas que enseguida superan a Alarcón en población.
Hasta el siglo XVI el
El Picazo, se componía de unas pocas casas de huertas, dos molinos harineros
en el río, un mesón en la plaza, algunas casas alrededor de la
iglesia y poco más. Formaba parte de los términos de la villa
de Alarcón y dependía, como ella, del marqués de Villena
y duque de Escalona, que nombraba a los alcaldes y demás autoridades.
A mediados del siglo XVI
y durante todo el XVII se va trasladando a El Picazo una buena parte de los
hidalgos de Alarcón, en donde construyen sus casas señoriales.
Así aparecen los Montoya, Granero, Carrillo, Alfaro, Peralta, Portillo,
Villanueva, Ruiz Monsalve, Morales, Cardos, Peñaranda, Mondéjar,
etc.
A comienzos del siglo
XVIII ya supera en población a Alarcón. En el catastro del Marqués
de la Ensenada (1750) El Picazo tiene una población de 281 vecinos, 1080
habitantes. |